Justicia para Jai/ Justice for Jai

Justicia para Jai (Scroll down for English)

Esas noticias de enero me estremecieron como los temblores nos sacudieran a todos. Tuvo ese impacto por haber conocido la larga lucha en Vieques. Cómo Vieques sigue necesitando recursos que nunca llegan. Vieques usado por la Marina de los Estados Unidos durante 60 años para sus maniobras de guerra. Vieques sin sala de parto y mujeres obligadas a abordar un helicóptero o avión para parir en otro lugar. Vieques sin quimioterapia para tantas y tantos dando la batalla contra el cáncer. Donde la gente se ve obligada a sostener los mareos y náuseas de los efectos de la quimio de regreso a casa en una lancha, a veces sobre mar picao que causa más nauseas aún. Vieques impactado por los dos huracanes Irma y María. Vieques que sigue sin hospital desde entonces.

Por todas las noches desvelada en enero y febrero, no queriendo ser sorprendida por otro temblor, las noticias me estremecieron de todos modos.  La noticia de que Jaideliz—de solo 13 añitos, en una ambulancia aérea, suspendida entre la colonia del imperio y la colonia de la colonia, luchando por un respiro, sin acceso a un hospital o ventilador—había fallecido.

Estoy segura de que muchos esperan el momento en que el gobierno de Puerto Rico anuncia la reapertura de todo, y en particular de Vieques. Estoy segura de que hay muchos turistas esperando ansiosamente el momento en que podrían escapar a sus playas una vez más, pasar en kayak hipnotizados sobre su bahía bioluminiscente una vez más. ¿Están pensando en Jai?

Comencé la investigación para la pintura de Jai en febrero. Seguí con la idea en mi mente hasta marzo cuando comenzó la cuarentena. A principios de abril pude comunicarme con su madre para pedir su autorización y bendición en el proceso. Me dio su confianza. Compartió que su hija amaba tres cosas: el mar, los caballos y las puestas de sol. Toda la esencia de su isla. Hablamos un tiempito y luego de enganchar, lloré.

Pensé que la pintura estuviera completa entre unas semanas. Tres meses después, todavía estaba trabajando en la pieza. Puede haber cinco retratos en diferentes capas debajo del que ves. Se hace imposible entregar a una mamá de luto algo que no suficientemente evoca la esencia de su hija. La última vez que pinté una almita de Vieques, Milivy Adams Calderón, yo estaba embarazada, luego lactando a mi hijo recién nacido. Aún no conocía las profundidades de ser madre, estas semillas fueron sembradas en mí por las madres guerreras de Vieques. Pero esta vez fue diferente. Habiendo visto morir a mi hermano. Habiendo parido en casa y no en un hospital, en solidaridad con aquellas que no podían parir en su isla. Habiendo dado a luz un feto perdido de mi vientre. Habiendo criado mis hijos más de una década, a través de pérdidas, a través de tormentas, huracanes y temblores, defendiendo siempre el amor y la alegría. Pinté y pinté. Borré y dibujé de nuevo. Y pinté y pinté.

Durante el proceso di varios viajes a mi yo de 13 años. Me encontré escuchando la música que escuchaba cuando a esa edad. Viajando de regreso a mi perspectiva en ese entonces, mis miedos y maravillas de en ese entonces. Volví a mi tiempo en terapia en el 2013 cuando comencé a hacer ese trabajo interno de regresar a mi niñez a sanar traumas pasados. Sentí que el espíritu de Jai me llevaba de vuelta, asegurando que yo hiciera cualquier trabajo que quedaba sin hacer. Con ella pasé la cuarentena pintando, escribiendo en un diario, soltando y sanando.

Durante el proceso perdí a mi tío. El mismo tío que me llevó a mis entrevistas durante mi proyecto en Vieques de 2008-2009. Fue en uno de esos viajes, cuando tenía seis meses de embarazo con mi primer hijo, que él y su esposa me ayudaron a encontrar a Zuleyka, madre de Milivy, que había fallecido de leucemia a los cinco añitos, cuya pérdida llamó la atención mundial sobre las tasas de cáncer desproporcionadas en Vieques. Con mucha tristeza, acunando mi vientre, escuchaba a Zuleyka describir a su niñita, como consolaba a su mamá antes de someterse valientemente a resonancias magnéticas (MRI) y quimioterapia. Cuando me fui de Vieques llevé su lucha en mí.

Este tío, aun no compartiendo los mismos puntos de vista que yo, se comprometió a llevarme dondequiera tenía que llegar en Vieques. Fue por él que pude crear una exposición en el Fortín en el 2009, dedicado a la lucha por la justicia y la paz en Vieques. Lo había visto por última vez en el 2013, durante mi viaje a Vieques en cual supe que tenía que mudarme a Puerto Rico. No lo había visto en todo mi tiempo viviendo en Puerto Rico, viviendo las realidades de este lugar que hacen llegar a Vieques mucho más difícil de lo que era viajar allí desde Nueva York. Me llegó la noticia de su enfermedad y luego de que había fallecido. Con la cuarentena no hubo viaje al hospital o al funeral.

Bioluminescent Jai
La Luz de Isla Nena, 2020, Yasmin Hernandez, Acrilico sobre lienzo, 18″x24″

Pues pinté más todavía. Me escapé en la pintura. Me escapé a un mundo donde los caballos salpican aguas bioluminiscentes, activando dinoflagelados en las aguas tibias de las bahías del sur. Dónde los cabellos de una niña son cascadas de olas mágicas que bañan las costas de su isla. Donde su piel brilla con estrellas de luz, pero no es una sesión de snapchat preadolescente. Como Frida, esto no es un filtro virtual Surrealista, ni es realismo mágico. Esta es la realidad de su tierra mágica con aguas que alumbran.

Tenía miedo de bajar las escaleras a mi estudio y ver el lienzo. Miedo de mirarlo y no ver la esencia, la energía de Jai. Aun así, escribí a su mamá el Día de las Madres para compartir la imagen y dejarle saber que seguía en proceso. Como madre, tengo que honrar a todas las madres que están de luto, incluyendo la mía. Ella estaba convencida de que Jai tuvo algo que ver con ese mensaje. Jai se acostumbraba en hacer cositas especiales para animar a su mamá, y hacerle sonreír a la gente. Esa imagen tuvo que llegar a su teléfono ese día. Pero yo todavía trataba de alcanzar ese momento de “bibbity bobbity boo” que descubrí un día mientras pintaba en El Museo del Barrio en Nueva York, donde el espíritu de Bob Marley notificó que ese retrato que pintaba se había convertido en su retrato.

Cualquier persona puede pintar un retrato. En este lienzo pinté varios. Pero el espíritu de Jai me mantuvo allí tres meses hasta que se decidió que ese retrato estaba calificado para ser un retrato de Jai. Demasiados lo piensan como al revés, que la artista puede crear, controlar y decidir. Los espíritus de nuestros antepasados y nuestros seres de luz que trabajo para conmemorar son los que deciden cuando he terminado de pintar un cuadro.

En el proceso, continuó la propagación de una pandemia requiriendo los mismos ventiladores que necesitaba Jai. Vi el mundo en pánico, aguantando la respiración, o laborando por ella, necesitando un amor colectivo. Todavía pintaba el mismo cuadro cuando unos agentes de policía en Minneapolis le robaron los alientos del cuerpo de George Floyd, asesinándolo públicamente, y miles se levantaron por el mundo para defender la santidad de las vidas negras, la santidad de un aliento.  Pinté con dolor esta luz energética que refleja la magia de una isla. Una isla afectada por enfermedades respiratorias, resultado de la contaminación de polvos fugitivos de bombas estadounidenses que la brisa caribeña sopla sobre sus hogares.

Soplen vientos del caribe, que la historia así se escribe. -Andres Jiménez

Sabemos que ganaremos, ya que confiamos en la victoria del bien sobre el mal.  -Haile Selassie

A pesar de todo que han tenido que enfrentar, la gente de Vieques sacó a la Marina de los Estados Unidos fuera de sus tierras. Lo hicieron sin lanzar una sola bomba. Lo hicieron con espíritu colectivo y aliento determinado. La gente que llega a sus aguas mágicas se olvida. Olvidan la grandeza y el valor de su pueblo. Colectivamente nos hemos olvidado de la grandeza de nuestro pueblo. Ellos, que nos roban los alientos, dependen de este proceso. Nuestro olvido los alimenta. Pero a nivel mundial, estamos recordando.

Viento y aliento. Vientos a fuerza de huracanes. Aliento y fuego. Pinté mientras se prendía fuego por todo los EE. UU. como los incendios forestales de la Amazona, de Australia. Jai, la luz de este microcosmos del centro de la Tierra. Jai quedó sin aliento mientras Isla Grande se sacudía de las activas fallas del cañón de los Muertos. Jai quedó sin aliento mientras Cuba y las Caimanes temblaban. El mundo se quedó sin respiración mientras los líderes incompetentes dejaban que la pandemia se propagara. El mundo se queda sin respiración mientras el racismo sigue robando tantas vidas negras, descaradamente. Mientras los jóvenes, traumados, teléfonos en mano grabando.

2009.milivy.cemi
“Milivy Cemí”, 2009, Yasmin Hernandez, Acrilico sobre tela negra, 30″ x 20″. Bieké: Tierra de Valientes.

Ayer le envié a su madre una imagen de la pieza completada. Lo publicó en Facebook para que sus amigos y familiares lo vieran. Zuleyka comentó sobre los retratos que había pintado de ella y de Milivy. Allí, en este hilo de FB, las personas más preciosas que pudiera alcanzar. Dijo que su hija me eligió para hacer esto. Si supiera lo mucho que yo necesitaba procesar y sanar en estos tiempos, con su hija como mi guía.  La gratitud es mía. Un día, cuando se acabe esto de la pandemia, le llevaré el retrato de su hija.

Jessica, madre afligida, su dolor resuena por la Tierra. En todas las madres afligidas. Es el dolor de toda la humanidad por el amor retenido y la luz robada. La luz de Jai es la luz de Isla Nena. La luz de Jai es la luz de los dinoflagelados de las bahías más brillantes de Vieques, más brillantes que todos las que se han comparado. La luz de Jai es como luciérnagas iluminando la oscuridad pos-huracán. Pero si miras debajo de la superficie, hay unos cielos submarinos donde nuestros antepasados lucen resplandecientes. Brillan una luz eterna. Al igual que la nuestra cuando nos levantamos en protesta con el fuego de la justicia que arde brillante dentro de nuestros pulmones y corazones, respirando luz y amor de vuelta a la existencia.

Autora y pintora, Yasmín Hernández es nacida y criada en Brooklyn a padres ponceños. Habiendo dedicado su práctica artística al proceso de reconectarse a su tierra ancestral, decidió rematriar a Puerto Rico en el 2014. Se basa en el oeste de la Isla Grande. yasminhernandezart.com

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La Luz de Isla Nena, 2020, Yasmin Hernandez, Acrilico sobre lienzo, 18″x24″

Justice for Jai

The news back in January shook me like the earthquakes shook us all. It had that impact on me for having known the long struggle in Vieques. How Vieques continues needing resources that never arrive. Vieques used by the US Navy over 60 years for its war maneuvers. Vieques of no maternity wards and laboring women forced to board a helicopter or plane to birth elsewhere. Vieques with no chemotherapy for the many battling cancer. Where folks are forced to battle through the dizziness and nausea of chemo side effects while in transit back home on a ferry, oftentimes on dizzying choppy seas. Vieques who endured both hurricanes Irma and María. Vieques without a hospital since.

For all the sleepless nights of January and February, not wanting to be caught off guard by another tremor, I shook from the news. The news that Jaideliz Moreno Ventura—only 13, in an air ambulance suspended between the colony of the empire and the colony of the colony, struggling for a breath, no access to a hospital or respirator—had passed.

I’m sure many hold their breaths waiting for the moment that Puerto Rico’s government announces the reopening of all and in particular, of Vieques. I’m sure there are many tourists already sneaking in and those eagerly awaiting the moment when they could escape to its beaches once again, kayak mesmerized over its bio bay once again. Are they thinking of Jai?

I began the research for Jai’s portrait sometime in February. Held the idea in my head through mid-March when the quarantine began. Early April I was able to reach her mother to let her know of my idea and ask for her blessing in painting Jai’s portrait. She gave me her trust. Had no requests but shared that her daughter loved three things: the sea, horses, and sunsets. All the essence of her home. We spoke for some time. When we hung up, I cried.

I thought I’d complete it by Easter. Three months later, I was still working on the piece. There might be five different portraits layered beneath the one you see. How do I engage the mother of a child lost and turn in anything less than what would hopefully convey the essence of her daughter? Last time I painted a lost daughter of Vieques, Milivy Adams Calderon, I was pregnant, then nursing a newborn. I hadn’t yet known the depths of motherhood, though these seeds were planted in me by the warrior mothers of Vieques. This time was different. Having watched my brother die. Having birthed at home and not in a hospital, in solidarity with those who could not birth on their island. Having birthed a lost fetus from my womb. Having mothered over a decade, through losses, through storms, hurricanes, and earthquakes, loving and squeezing joy through all. I painted and painted. Erased and resketched. Reworked and repainted.

I traveled all sorts of inner girl journeys. I found myself listening to the music I listened to when I was 13. Journeying back to my perspective back then, my fears and wonders of back then. I went back to my time in therapy in 2013 when I began to do inner child work and heal past trauma. I felt Jai’s spirit was taking me back to complete whatever work left undone. I was painting. Journaling. Releasing. Healing.

Midway through the journey I lost my uncle. The same uncle who drove me to interviews during my Vieques project from 2008-2009. One of those trips, I was six months pregnant with my first son. It was then that he and his wife helped me locate Zuleyka, mother of Milivy, who had died of leukemia at five years old, whose loss brought world attention to disproportionate cancer rates in Vieques. I sat there cradling my belly painfully while she described her toddler comforting her mommy before valiantly undergoing MRIs and chemotherapy. When I left Vieques I carried their fight in me.

This uncle connected me to Vieques and even if he didn’t share the same views as I, he made sure I got to wherever I was trying to go. It was because of him that I was able to create an exhibit at el Fortín in 2009, dedicated to the struggle for peace and justice in Vieques. I had last seen him in 2013, that fateful trip to Vieques where I knew I had to move here. I hadn’t seen him my whole time living in Puerto Rico, living the realities of this place that made getting to Vieques much more difficult than when I traveled there from New York. I got news of his illness then the call of his passing. There was no closure with the quarantine. No trip to Vieques. No trip to the hospital or funeral I would attend.

So, I painted more. Lost myself in the process. Lost myself in a world where horses splash through bioluminescent waters, their hooves activating dinoflagellates in the tepid waters of these southern bays. Where a girl’s hair cascades into magical crashing waves, washing the shores of her island. Where her smooth skin glimmers and sparkles but instead of a tween Snapchat session, like Frida this is not a surreal virtual filter, nor magical realism, this is the reality of her magical land with glowing water.

I was afraid to descend the stairs to my studio and see the canvas. Afraid to look at it and not see her essence, her energy. Afraid that I had failed her again. Still I wrote her mom on Mother’s Day to share the image and let her know I was trying my best and still trying. As a mother, I must honor all grieving mothers, including my own. Her mother was convinced that Jai had orchestrated this. That is was like her to do special things to cheer up her mother, bring smiles to people’s faces. She was supposed to receive this image on her phone on this day. Still, I lamented that her portrait hadn’t yet been imbued with her essence. That bibbity bobbity boo moment that I discovered one day while painting at El Museo del Barrio, where Bob Marley’s spirit whispered that a portrait had become his portrait.

Anyone can paint a portrait. On this canvas I painted several. But Jai’s spirit held me there three months until it was decided that that portrait was qualified to be called Jai’s. That moment the canvas whispers, you are done. Too many mistake it as being the other way around, that the artist can control and create and say it is ready when they think it is ready. I don’t have bosses or patrons other than the spirits of our ancestors and our lost or stolen light beings that I work to memorialize. They decide when I am done. Nothing else I have planned matters. Not deadlines, nor tremors, nor power outages, grief. I am held there painting till I am released.

The pandemic spread requiring the same ventilators Jai was needing. I watched the world in panic, holding their breath, or laboring through breaths, desperate for collective love. I was still painting when Minneapolis police officers stole the breaths from George Floyd’s body, killing him publicly and the world erupted in uprisings to defend the sanctity of a black breath. I poured my pain into painting this energetic light being reflecting back the magic of this island affected by respiratory illnesses, the result of weapons contamination, fugitive dust from US bombs carried by the Caribbean breeze over their homes.

Soplan vientos del caribe, que la historia así se escribe. -Andres Jimenez
(Blow the winds of the Caribbean, for that is how history is written)

We know that we shall win, as we are confident in the victory of good over evil. -Haile Selassie

For all they are up against, the people of Vieques pushed the US Navy out of their land. They did so without dropping a single bomb. They did so with collective spirit and breath determined. As people arrive to her magical waters, they forget. They forget the greatness and valor of her people. We collectively forgot the greatness of our people. They, who suck the breath from us, rely on it, are fueled by our forgetting. But globally, we are remembering.

Wind and breath. Hurricane winds, breath, and fire. I painted as fire was set across the US like the forest fires that set the Amazon, Australian bushes aflame. Jai: the light of Isla Nena. Jai: the light from this microcosm in the middle of the earth. Jai left without a breath as the big island shook from the faults of the Muertos Trough gone active. Jai left without breath as Cuba and the Caymans shook. The world left holding its breath as incompetent leaders let the pandemic spread. The world holding its breath as racism continues to steal so many black lives, blatantly, overtly, as young girls traumatized hold up their phones, recording.

Yesterday I sent her mother an image of the completed piece. She posted it to Facebook for her friends and family to see. Within the thread Zuleyka commented about the portraits I had painted of her and Milivy. There on this one FB thread, the most precious group of people I could ever wish to reach. She said her daughter chose me to do this. She has no idea how much I was needing to work through and heal through these times, with her daughter as my guide. The gratitude is mine. One day when this whole quarantine is over, I will take her the portrait of her daughter.

Jessica, grieving mother who despairs over the pain of your baby’s breath stolen, your pain is echoed by all the earth. By all mothers mourning. The pain of humanity for all the love and light stolen. Jai’s light is the light of dinoflagellates of Vieques’ brightest bays, brighter than all those ever compared. Jai’s light like luciernagas, fireflies floating in post hurricane darkness for all the time Vieques was left without light. But if you look beneath the dark surface, there is an underwater heaven with our ancestors aglow. Their light has long shined bright. As does ours each time we rise in protest with the fire of justice burning bright inside our lungs and hearts, breathing light and love back into existence.

Author of this blog, and painter, Yasmín Hernández was born and raised in Brooklyn to parents from Ponce, Puerto Rico. Having dedicated her full creative practice to reconnecting to her ancestral homeland, in 2014 she rematriated to Borikén. She is based in the western parto of Isla Grande. yasminhernandezart.com

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